¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué
lo desamparaste?
¿Por qué nos lanzaste un
desafío en esa cruz?
¿Qué fue en aquella oscuridad
del trueno y su luz?
Todo quedó oscuro y a tu hijo
entregaste.
A tu único hijo en la Tierra
alumbraste
¿Quiénes somos nosotros para
cargar su cruz?
¿Quiénes somos para recibir de
Él la luz?
¿Por qué en nombre de nuestra
redención lo humillaste?
Tan pecaminoso es para el
hombre ser cual Dios
que por ello apedrea, mata y
se enloquece
Hay días necios en que te
decimos adiós.
El agonizante Jesús sabe que
renace
por eso clama con vehemencia a
su Padre Dios.
Cada año Jesús nos muere y
otro ciclo nace.