Yo los vi llevar a la gente. Nadie me lo cuenta. La llevaban en camiones. Entraban. Le hacían la plática a la que entintaba los pulgares y te buscaba en las lista, a fin de distraerla. Yo los vi. Iban y venían acarreando gente y en cada ocasión volvían a saludar a la señorita de las tintas. Era más que obvio, pero nadie decía nada. Cínicamente entraban y salían a lo largo de todo el día. Esperaban a su gente, se la llevaban y volvían con más. Yo estuve contando las boletas y sí, esos canijos ganaron de nuevo la gorda: el ejecutivo. Pero le insisto, yo los vi, a los señores grises, como sombras que se alargan o se achican según la intensidad del sol. Escuché, también, a los jóvenes pagados para ser funcionarios de partido. Cómo uno le decía al otro que hubiera trabajado para PIRLUMPLAN o SUFIRIN ya que pagaban más que RATAPUM. Yo la vi, a la Güera yendo a cambiar su monedero. La vi encabronada porque no tenía nada la tarjeta esa. Yo vi a tanta gente molesta. Por eso esta fila hoy en mi pueblo me desquicia: ¿qué no aprendimos? ¡Allí están todos de nuevo con sus despensas, con sus regalos, con sus espejitos! Yo los vi dejándose corromper, consciente o inconsientemente. Yo los vi y no pude hacer nada. Yo los vi y quisiera decir que todo es culpa de ellos: de PIRLUMPLAN, de SUFIRIN, de RATAPUM. Yo los vi llevar gente, pero lo cuento y nadie me cree. Yo los vi, yo los escuché, y creí que habíamos aprendido, pero hoy veo, hoy escucho y es igual. Ojalá y de menos sólo se las gasten y no se suban al camión.
No hay comentarios:
Publicar un comentario