miércoles, 31 de agosto de 2016

El griego. Categoría: Relato.



Aún lo vemos: en pie; fino y esbelto; la cabeza ligeramente inclinada hacia adelante; juntas las manos, mientras los dedos estrujan un pequeño papeo y todo su cuerpo se halla sometido, como si lo dominara alguna fuerza extraña, o un vaivén blandísimo, apenas perceptible. Y de súbito, cuando, al parecer, el genio allí en reposo se agitaba, rompía él a hablar para goce de sus oyentes.



Martín Luis Guzmán



¿Te acuerdas del domingo de la caminata de Los Contemporáneos y el Centro Histórico? Nos contaron que los estudiantes sacaban a sus maestros en hombros. Me imagino esas clases. Me imagino a esos genios que crearon otros genios en sus aulas. Recordamos a Caso, a Tablada a Velarde, pero él mencionó a otros más, y uno de los nombres que mencionó fue Jesús Urueta. A Urueta le decían El griego y El príncipe de la palabra; sí, es correcto, como José José; pero por su manera de hablar: un orador de primera. Decían que San Ildefonso enmudecía cuando hablaba, para escucharlo. Además de maestro, fue político y pintor; también fue integrante de la Casa del Obrero Mundial. Estuvo encarcelado por oponerse a Victoriano Huerta y colaboró en la Revista Moderna. No sabemos mucho de él.  No sabemos lo que sabemos de los otros maestros de ese tiempo. Encontré su libro Alma Poesía. Pensaba que serían poemas y fueron las conferencias de sus clases sobre las epopeyas homéricas. El alma de la poesía en Occidente: Grecia. Me llamó la atención la dedicatoria a Miguel de Unamuno, quien escribió una de mis sentencias favoritas: “Siente el pensamiento. Piensa el sentimiento.” Así me imagino a Urueta al preparar sus clases, vibrante ante cada pensamiento relacionado con su asignatura; consciente de su sentimiento al transmitir sus conocimientos. Hay que ser congruente hasta en las dedicatorias. Vivimos en un tiempo antiepopéyico. Rodeados de antihéroes tanto reales como ficticios. Leyendo sus conferencias encuentro a La Odisea como una novela fabulosa, por su detalle, por su psicología de personajes sabia y sutil; una serie deliciosa de cuentos. El adjetivo califica en el doble sentido de la fábula y la grandeza. Entonces la novela empezó a tejerse como el hilo de Ariadne desde Grecia; los rusos y los franceses pueden dejar de pelearse. Seguimos arrastrando a la Épica desde los periodos grecolatinos porque en el fondo queremos ser héroes o justificarnos la carencia de ellos. Escúchalo: Nuestros muertos siguen siendo creadores de energía; infatigables, todo lo remueven y todo lo vivifican. Son la médula de nuestra historia, la vida de nuestra vida y nos acompañarán-legión sagrada- a la gran conquista de la ley... Es preciso, es urgente que todos los mexicanos comprendan que la Constitución, sólo la Constitución puede salvar a la patria. Mientras las instituciones no funcionen normalmente no se puede hablar de paz, ni de progreso, ni de libertad. A mejores ciudadanos corresponden mejores gobiernos. Dentro de un buen gobierno, respetuoso de la ley, los ciudadanos elevan su nivel intelectual  y moral, el pueblo crece en fortaleza, y en virtudes cívicas.
Me imagino a esas grandes personalidades de la primera mitad del siglo XX, con un semblante impecable. Veo la realidad y dejo jugar a las palabras de en mi oído. Dentro de un buen gobierno, respetuoso de la ley... Una ética impecable tan extraña hoy en día. Siento esas palabras y pienso en el magisterio actual, en lo que nos está pasando, en la represión, en las reformas, y quisiera escuchar la voz de los maestros del pasado. Urueta sigue generando energía. ¿La percibes? ¿Cuánto hará que los estudiantes no sacarán en hombros a un maestro al terminar su clase? Claro, te entiendo, a mí también me gustaría.


  


Esta semana les comparto el libro Alma Poética, que se encuentra en línea gracias a la Universidad Autónoma de Nuevo León:

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