miércoles, 16 de noviembre de 2016

El árbol. Pierre Louys. Categoría: Traducción.

Esta semana les comparto la primera traducción que hice del francés al español. Respeté los cortes del libro donde leí el poema. Les comparto un enlace con la versión en francés, los cortes son distintos, pero prometo transcribir el poema como lo tomé, a la brevedad. 
 
El árbol

Pierre Louys

Me desvestí para subir a un árbol; mis
muslos abrazaban la corteza lisa y humeda;
mis sandalias pisaban sobre las ramas.

Arriba de todo, más aún bajo las hojas y a
la sombra del calor, me coloqué en cabalgadura sobre
una punta apartada balanceando mis pies
en el vacío.

Había llovido. Las gotas de agua caían y
escurrían sobre mi piel. Mis manos estaban manchadas
de musgo, y mis dedos  del pie enrojecidos, debido
a las flores quebradas.

Sentía al bello árbol vibrar cuando el viento pasaba
a través de él; entonces ceñí mis piernas por delante
y posé mis labios abiertos sobre la nuca
vellosa de una rama.

http://www.mediterranees.net/litterature/bilitis/bilitis2/bucoliques.html

Louys, Pierre, Las canciones de Bilitis. Bucólicas en Pamfilia, Trad. Enrique Uribe White, Colombia, Panamericana Editorial, 1961. (Edición bilingüe)

miércoles, 5 de octubre de 2016

Del juego de la traducción. Categoría: Ejercicio lúdico.


Me gusta trabajar sobre traducciones en frío o con un pequeño diccionario a mano. No he tomado cursos formales de traducción, pero el ejercicio me gusta a manera de un juego de estrategia con el lenguaje. Quiero señalar que sólo las hago cuando vierto de otra lengua a la mía, no al revés. Me encantan las ediciones bilingües, aunque algunos se pongan en contra de ellas ya que no siempre el tener el original a un lado es sinónimo de fidelidad. En el poema que les comparto la traducción es una traducción literal presentada en la edición biligüe de Letras Vivas; sin embargo, coincido con Paul Ricoeur, Jean Cohen, Tomás Segovia y otros críticos y traductores,  en que la traducción de poesía debe jugar con el sentido y el simbolismo de las palabras. Me gusta convencer a mis alumnos de leer poesía extranjera, ya que me han dicho que temen por las traducciones. Yo les comento que aunque las traducciones son un reflejo turbio del original de un poema; son un acercamiento importante a la literatura de un país o un pueblo. La importancia de las traducciones es cultural. A mi me enorgullece cuando en viajes, amigos que he hecho en otros países me dicen que conocen o han leído a poetas mexicanos.  Jugaré a este juego que les comento, con un poema de Robert Desnos:

 Vent Nocturne

Sur la mer maritime se perdent les perdus
Les morts meurent en chassant
des chasseurs dansent en rond une ronde
Diex divins! Hommes Humains!
De mes doigts digitaus je déchire une cervelle cérébrale.
                                          Quelle angoissante angoisse!
Mais les maîtresses maîtrisées ont des cheveux chevelus
                                          Cieux célestes
                                            terre terrestre
Mais où est la terre céleste?


Viento nocturno

Sobre el marítimo mar se pierden los perdidos
Los muertos mueren cazando
los cazadores bailan una ronda
¡Divinos dioses! ¡Hombres humanos!
Con mis dedos digitales desgarro un cerebro cerebal.
                                     ¡Qué angustiante angustia!
Pero las maestras amaestradas tienen cabellos peludos
                                      Cielos celestiales
                                       tierra terrestre
¿Pero dónde está la tierra celestial?



Desnos, en este poema, hace uso continuo de la aliteración  para esclarecer y reforzar su poema: mer maritime, se perdent les perdus, morts meurent,  en chassant des chasseurs, en rond une ronde, Diex divins!, Hommes Humains!, doigts digitaus, cervelle cérébrale, maîtresses maîtrisées. El verso más grave en la traducción que les comparto es "maestras amaestradas tienen cabellos peludos". Los traductores respetan algunos usos de la aliteración por el poeta, pero fallan aquí. Maestras sí es sonoramente similar a amaestradas pero el sentido se ve afectado ya que, aunque una de las entradas en español de maîtresses es maestra, también lo es amante. El sentido cambia muchísimo de un concepto al otro; uno hablaría de las dinámicas de control en el amor o de la prostitución, y en el otro el sentido queda un poco en el aire, como queriendo criticar algo del sistema, tal vez, pero confuso. Tendría que discutir con un hablante de francés al respecto.

Así mismo en "los cazadores bailan una ronda", los traductores hicieron elipsis de la aliteración, la eludieron  y, puesto que es una característica del poema, así suene a pleonasmo, cabe señalar el juego: "los cazadores danzan en ronda una ronda".  Además, las rondas son los juegos que hacíamos de niños, que aunque ya han caído en desuso por la inmersión de la tecnología, eran, en su tiempo, una linda forma de juego y convivencia.  El poema quedaría así:
                                        
                                    

Viento nocturno

Sobre el marítimo mar se pierden los perdidos
Los muertos mueren cazando
los cazadores danzan en ronda una ronda
¡Divinos dioses! ¡Hombres humanos!
Con mis dedos digitales desgarro un cerebro cerebal.
                                     ¡Qué angustiante angustia!
Pero las amantes amaestradas tienen cabellos velludos
                                      Cielos celestiales
                                       tierra terrestre
¿Pero dónde está la tierra celestial?


En fin. Sólo quería jugar un poco. 



Poetas franceses del siglo XX, Trad y selección. Miguel Ángel Flores, Alberto de Oliveira, México, Editorial Letras Vivas, 2004, pp. 188 y 189.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Signos (Gisèle Prassinos). Categoría: Traducción.




Signos



Si teme no reconocerme

bebo la rosa en vaso

la estrella en el ojo

y el oro en los cabellos

luego me vuelvo negra en los bosques

para que ardan las hojas.



Hoy me extravío hasta la violencia del naranjo.



Al círculo del tiempo

Mi alegría se inscribe entre dos blasones.


Signes

Si vous craignez de ne pas me reconnaître
je vois la rose au verre
l´etoile dans l´œil
et le or dans les cheveux
et puis je deviens noire dans les forêts
pour que flambent les feuilles.

Aujourd´hui m´égare jusque´à la violence d l´orangé.

Au cercle de temps
ma joie s´inscrit dans deux armes.


Gisèle Prassinos nació en Estambul  en 1920 y emigró a Francia desde los dos años. En 1934 sus poemas fueon descubiertos por André Breton. Publicó en la revista surrealista francesa Minotaure y en el periódico belga Documents 34. Publicó su primer libro La Sauterelle arthritique  fue publicado en 1935, cuando tenía 15 años. Murió el 15 de noviembre de 2015.

DEFORGES, Régine, Poèmes de femmes,  París, Le cherche midi, 2009, 111 p.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

miércoles, 14 de septiembre de 2016

De vista y de oída. Categoría: Relato.

Yo los vi llevar a la gente. Nadie me lo cuenta. La llevaban en camiones. Entraban. Le hacían la plática a la que entintaba los pulgares y te buscaba en las lista, a fin de distraerla. Yo los vi. Iban y venían acarreando gente y en cada ocasión volvían a saludar a la señorita de las tintas.  Era más que obvio, pero nadie decía nada. Cínicamente entraban y salían a lo largo de todo el día. Esperaban a su gente, se la llevaban y volvían con más. Yo estuve contando las boletas y sí, esos canijos ganaron de nuevo la gorda: el ejecutivo. Pero le insisto, yo los vi, a los señores grises, como sombras que se alargan o se achican según la intensidad del sol. Escuché, también, a los jóvenes pagados para ser funcionarios de partido. Cómo uno le decía al otro que hubiera trabajado para PIRLUMPLAN o SUFIRIN ya que pagaban más que RATAPUM. Yo la vi, a la Güera yendo a cambiar su monedero. La vi encabronada porque no tenía nada la tarjeta esa. Yo vi a tanta gente molesta. Por eso esta fila hoy en mi pueblo me desquicia: ¿qué no aprendimos? ¡Allí están todos de nuevo con sus despensas, con sus regalos, con sus espejitos! Yo los vi dejándose corromper, consciente o inconsientemente. Yo los vi y no pude hacer nada. Yo los vi y quisiera decir que todo es culpa de ellos: de PIRLUMPLAN, de SUFIRIN, de RATAPUM. Yo los vi llevar gente, pero lo cuento y nadie me cree. Yo los vi, yo los escuché, y creí que habíamos aprendido, pero hoy veo, hoy escucho y es igual. Ojalá y de menos sólo se las gasten y no se suban al camión.  

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Tres haikus en el metro. Categoría: Poesía.



Tei

Sílaba y canto
relátenme una historia;
mi cuerpo escucha.


Solsticio

Otoño, es tiempo;
el verano ojeroso
quiere marcharse.


Estacionaria

La primavera
para ella fue invierno,
y aquél amor.   






miércoles, 31 de agosto de 2016

El griego. Categoría: Relato.



Aún lo vemos: en pie; fino y esbelto; la cabeza ligeramente inclinada hacia adelante; juntas las manos, mientras los dedos estrujan un pequeño papeo y todo su cuerpo se halla sometido, como si lo dominara alguna fuerza extraña, o un vaivén blandísimo, apenas perceptible. Y de súbito, cuando, al parecer, el genio allí en reposo se agitaba, rompía él a hablar para goce de sus oyentes.



Martín Luis Guzmán



¿Te acuerdas del domingo de la caminata de Los Contemporáneos y el Centro Histórico? Nos contaron que los estudiantes sacaban a sus maestros en hombros. Me imagino esas clases. Me imagino a esos genios que crearon otros genios en sus aulas. Recordamos a Caso, a Tablada a Velarde, pero él mencionó a otros más, y uno de los nombres que mencionó fue Jesús Urueta. A Urueta le decían El griego y El príncipe de la palabra; sí, es correcto, como José José; pero por su manera de hablar: un orador de primera. Decían que San Ildefonso enmudecía cuando hablaba, para escucharlo. Además de maestro, fue político y pintor; también fue integrante de la Casa del Obrero Mundial. Estuvo encarcelado por oponerse a Victoriano Huerta y colaboró en la Revista Moderna. No sabemos mucho de él.  No sabemos lo que sabemos de los otros maestros de ese tiempo. Encontré su libro Alma Poesía. Pensaba que serían poemas y fueron las conferencias de sus clases sobre las epopeyas homéricas. El alma de la poesía en Occidente: Grecia. Me llamó la atención la dedicatoria a Miguel de Unamuno, quien escribió una de mis sentencias favoritas: “Siente el pensamiento. Piensa el sentimiento.” Así me imagino a Urueta al preparar sus clases, vibrante ante cada pensamiento relacionado con su asignatura; consciente de su sentimiento al transmitir sus conocimientos. Hay que ser congruente hasta en las dedicatorias. Vivimos en un tiempo antiepopéyico. Rodeados de antihéroes tanto reales como ficticios. Leyendo sus conferencias encuentro a La Odisea como una novela fabulosa, por su detalle, por su psicología de personajes sabia y sutil; una serie deliciosa de cuentos. El adjetivo califica en el doble sentido de la fábula y la grandeza. Entonces la novela empezó a tejerse como el hilo de Ariadne desde Grecia; los rusos y los franceses pueden dejar de pelearse. Seguimos arrastrando a la Épica desde los periodos grecolatinos porque en el fondo queremos ser héroes o justificarnos la carencia de ellos. Escúchalo: Nuestros muertos siguen siendo creadores de energía; infatigables, todo lo remueven y todo lo vivifican. Son la médula de nuestra historia, la vida de nuestra vida y nos acompañarán-legión sagrada- a la gran conquista de la ley... Es preciso, es urgente que todos los mexicanos comprendan que la Constitución, sólo la Constitución puede salvar a la patria. Mientras las instituciones no funcionen normalmente no se puede hablar de paz, ni de progreso, ni de libertad. A mejores ciudadanos corresponden mejores gobiernos. Dentro de un buen gobierno, respetuoso de la ley, los ciudadanos elevan su nivel intelectual  y moral, el pueblo crece en fortaleza, y en virtudes cívicas.
Me imagino a esas grandes personalidades de la primera mitad del siglo XX, con un semblante impecable. Veo la realidad y dejo jugar a las palabras de en mi oído. Dentro de un buen gobierno, respetuoso de la ley... Una ética impecable tan extraña hoy en día. Siento esas palabras y pienso en el magisterio actual, en lo que nos está pasando, en la represión, en las reformas, y quisiera escuchar la voz de los maestros del pasado. Urueta sigue generando energía. ¿La percibes? ¿Cuánto hará que los estudiantes no sacarán en hombros a un maestro al terminar su clase? Claro, te entiendo, a mí también me gustaría.


  


Esta semana les comparto el libro Alma Poética, que se encuentra en línea gracias a la Universidad Autónoma de Nuevo León:

miércoles, 24 de agosto de 2016

Ciudad Luz. Categoría: Relato

Sigue estando París en su misterio, en sus luces, en sus calles; abriéndose a mi caminata, y mi caminata aún es insuficiente. 

Es posible que nuestras experiencias en determinados lugares queden marcadas por la primera estancia. Los recuerdos son imágenes. Mis imágenes son esquivas la mayoría de las veces; más si llegan al recuerdo barridas por la ventana de un camión que ha paseado por los monumentos importantes de París. Recuerdo el obelísco de Luxor de Plaza de la Concordia, erigido para el culto al Dios Ra. (Hasta ahora no aparece la luz como personaje, pero más adelante será importante), y el más antiguo de los monumentos de París. El hotel estaba lejos, a las afueras. En mis ojos, aquella tarde: los retorcidos fierros de la torre Eiffel y una panorámica nublada de París desde lo alto, con sus casas de ventanas blanquesinas y techos azul marino. Creo recordar que chispeó ligeramente.  La lejanía del hotel nos impidió el paseo por el jardín de Tullerías. Digo que nuestras experiencias quedan marcadas por la primera estancia porque la primera noche, de mi primera visita a París, nos quedamos en nuestra habitación esperando que oscureciera: actividad contemplativa y al menos relajante ante la frustración de no poder caminar. Las ciudades se conocen en las caminatas. La ciudad se nos pasó de noche porque al ser menores de edad no nos dejaron salir a inspeccionar la ciudad. Quiero creer que la ubicación del hotel no era segura. Vuelvo al acto de la paciente espera del anochecer; la discusión en espiral sobre la rotación de la tierra y el asombro que  se sucedió a molestia y por último a conformismo ante el hecho de ver claridad pasadas las doce de la noche. Asombro porque tal fenómeno no ocurre en la Ciudad de México, molestia porque una de las compañeras de cuarto quería dormir, conformismo porque al menos los mayores de edad no verían tanto tiempo las luces de Eiffel (Sí, celebramos eso). Ese efecto de luminosidad constante sigue pasando las veces que he vuelto a París, pero con una claridad en cierto punto cegadora. Del día siguiente sólo recuerdo dos momentos memorables: cuando descubrí que la Mona Lisa era un cuadro pequeño comparado a lo que había imaginado y que no me causó el temblor del Bautista unos pasos antes,  (posiblemente por la escafandra transparente que le han puesto para protegerla de asaltos). El otro,  cuando me perdí al salir del Louvre en una pequeña calle que me condujo a una chocolatería donde compré un delicioso chocolate con almendras; recuerdo memorable si aparecen en mi mente las bolsas de Miss Sixty y los comentarios de algunos asistentes al tour estupefactos por que los taxis fueran Mercedes; sin olvidar los rostros de sorpresa porque yo sólo hubiera comprado chocolate amargo. Recuerdo el obelisco otra vez. De nuevo sombras. He allí lo que ha sido París cada vez que vuelvo: una luz intensa que ciega y un sabor dulce y amargo al mismo tiempo como el del chocolate oscuro (las almendras se cuecen aparte). Aquella primera noche no nos esperamos a que terminara de anochecer, por la chica molesta que quería dormir y no podía hacerlo por la luz. Cerramos las cortinas. Han pasado catorce años de esa primera vez y hoy me pregunto qué hubiera pasado si no hubiéramos corrido las cortinas; tal vez, al menos visto con cierta perspectiva de futuro, la luz, al día siguiente, hubiera sido más nítida. Por alguna extraña razón todas mis visitas subsecuentes han faltado de una nitidez necesaria. Como sea, algo bello permanece de todo esto: el chocolate oscuro sigue siendo mi predilecto desde niña. Las sombras entre mis recuerdos le dan otra mirada a la luz. Mi recuerdo regresa al obelisco de la Concordia, para que algún signo egipcio prevarique en mi memoria e invente qué viene después. De nuevo sombras. Mis dedos se asoman a la cortina. Sigue sin anochecer. 
Natalia González Gottdiener. mayo, 2016.
(Tomada desde el Centro George Pompidou. 
Día de lluvia. Casi 4 de la tarde.)


miércoles, 17 de agosto de 2016

Constelación del Marinero. Prosa Poética (inconcluso)





A Lorca a 80 años de su asesinato. 
A Novo, por su amor Contemporáneo

Y de nuevo partir, como la luna misma
que sigue nuestra huella en la distancia
mayor ayer, mañana perezoso
bajel o comunión en el recuerdo.

Salvador Novo/ Seaman Rhymes


Si me das tus rimas, Marinero dijo la Luna te llevaré conmigo. Serás el diseño de mi próxima constelación. No, no cualquiera puede hacerla, será un poeta. Sólo un poeta puede diseñar una constelación con los versos de otro. Será un encuentro breve, cerca del fin del mundo. Un romance amistoso, sólo eso. El Marinero Bástar, el Marinero Novo. La mar y el semen (el del marinero). El semen, la tinta. La tinta: las nubes, el presagio. Yo, pintada por Lorca, avisando la muerte, la muerte de Bástar. Tus lágrimas, Marinero, son una flor marchita naciendo de tu ojo. Cuando me hablaste, Federico, me olvidé de todos. Pensé que tus palabras eran dirigidas a mí, a mí Bástar, a mi Marinero de unos versos en dos lenguas. Brota de mi ojo izquierdo el tallo de una flor: segunda constelación, brota de mi ojo derecho el tallo de otra flor: tercera constelación. Tres años después recorro las constelaciones que me hiciste y leo el anuncio de tu muerte. De mis dos ojos, al mismo tiempo, parecen nacerme las estrellas de las cuatro constelaciones que dibujaste, convertidas en lágrimas. Duende de la Luna, rima gitana de un romance inconcluso. Mis cartas me revelan. El semen debió de ser algo más que tinta y fue tinta. Nos escribo y me veo para siempre atrapado en las finas líneas de tus dibujos. Amor Novo, Marinero, Amor, Tinta.

miércoles, 10 de agosto de 2016

Sección de mujeres. Categoría: Relato.


Se le solicita no traspasar la línea amarilla. Dejen salir antes de entrar. Señoras, hagan dos filas al lado de las puertas para que puedan salir. Quítame tu mano. Ay, no empujen. La señora está embarazada cédale su asiento. Ay, ya voy, ya voy. No empujen. No se queden en la entrada. Me empujaron, disculpe. Mire se va a llevar es el delineador, permiso, permiso. Ash, como estorban, no ve que está lleno. No deberían vender a estas horas.  Aquí, aquí, un delineador. Tengo café, negro…, no empuje, señora, fíjese, verde. El negro. Diez pesitos. Me da su con permiso señora voy a bajar, con su permiso. Espéreme que estamos bien apretadas.  Ay mi bolsa, péreme. Ay, dios mío, me está aplastando, espérese. Se me atoró la bolsa. Ay, me aplasta. Estas horas, siempre son lo mismo,  compermisito, compermisito. Bajo en la que sigue. La señora, la señora, siéntese. No, ya bajo de esta a la otra. En filita india que no salimos. Baja en la que sigue. No. Hágase para allá. Sí, permítame. Bajan, bajan. Ay, bajan, dejen pasar, dejen pasar. Hagan dos filas, damitas, no se amontonen, dejen salir, damitas. Ya no cabemos. Ya van cuatro que pasan llenos. Ya no llegué, entraba a las 8 voy hasta la penúltima. Dejen salir, ¡¿qué no las educaron?! Allí cuélese, está chaparrita y flajita. Empújala manita. Así, ya. La bolsa, empujen. Ay, ay, dios mío. Recórranse en medio, por qué no se recorren. Allí cabemos tres. No me empuje. Me están empujando de adelante. Ay!, mi bubi. Ay, aquí se le desacomoda todo a una. Ay, sí cupiste chaparrita, al rato te alcanzamos, dile al jefe que está atascado. Ay, mi cachete. Fíjate, me golpeaste. No hay espacio. Tú disculpa. Permita el libre cierre de puertas, gracias. Hombres de este lado, sólo damas, hombres de este lado, sólo damas. Te veo en la estación, mi amor.  Sí, allí te veo. Esperamos al que sigue, voy en el de al lado. Ya se va. Ay, voy a agarrarme, disculpe. Aquí en mi triste soledad, me han dado ganas de gritar, salir corriendo y preguntar qué es lo que ha sido de tu vida. Señora, mi pie. No veo. Yo sé perder, yo sé perder quiero volver, volver, volver. Denle paso a la viejita. Pásele. Sí, gracias, gracias. Yo sé perder, yo sé perder. Quiere sentarse, voy a bajar. Sí, gracias. Voy a bajar, disculpe, disculpe. Alguien baja. Ay, paso, paso. Yo también bajo. Gracias. Un hombre. Saquen a ese hombre del vagón, es sección de damas, ustedes tienen la suya. Largo. Sí, váyase, qué le pasa, viejo cabrón, es zona de mujeres. Sí, no queremos hombres. Empújenlo, sáquenlo. Fuera de aquí. Respete. Júntense todas que no pase. Qué no hay barrera en todas las estaciones. Pero ellos ya saben pero a juerza quieren hacer lo que se les pega. Échenlo. No lo queremos. A su vagón. Permita el libre cierre de puertas. Viejas pendejas, aquí no hay ninguna señalación que sea zona de viejas. Están bien locas. Yo no me muevo. Ay, no empuje, cochino abusivo. Sáquese de aquí. Ya está bien, bola de locas, quédense con su vagón. Permita el libre cierre de puertas, gracias. Locas, locas. Viejo grosero. Si ya saben que no tienen que estar aquí son nuestros vagones, es nuestro derecho. Aquí nos defendemos. Si es a la mala, pos a la mala. Pinche educación. No hay nadita de igualdad.